Manolo B.
La saga de los B. encuentra en su continuador Manolo B. una expresión inaudita de brillantez en el arte científico del Mus más perfeccionista que he podido ver nunca.
En efecto, el amigo Manolo es, sencillamente, un auténtico y serio problema para cualquier contrincante que se le ponga por delante. Concentración absoluta, envidador implacable, magistral en el descarte y, sobre todo, extraordinario adivinador de la suerte que va a correr cada lance, hasta extremos tales que cuando se pasa el lance del juego o punto, el tipo, antes de que nadie levante las cartas, ya canta con absoluta precisión y sin equivocarse jamás el número de tantos que se va a llevar cada uno. Así, suele decir: “trece para ellos y seis para nosotros”, o bien “quince para nosotros y la chica en pase para ellos”. Inútil buscarle un fallo, jamás lo tiene. Desde luego es un jugador del que se puede decir que en todo momento sabe lo que llevan los contrarios, con la increíble ventaja que eso otorga.
Tiene días menos gloriosos, como todo el mundo, no en vano Chiquito de la Calzada suele decir: “una mala tarde la tiene cualquiera”. Pero incluso en esas malas tardes (que pueden serlo por los motivos mas variopintos), le bastan unos segundos de reflexión, un respirar hondo y un recitar tres veces la famosa OM budista, para enseguida recopilar todos los datos y llegar a entender que es lo que tiene cada uno.
En las tardes gloriosas es materialmente imposible ganarle (siempre exceptuando mi caso, como es natural). Es tanta la seguridad que tiene en sí mismo que no es, ni mucho menos, uno de esos típicos jugadores que presumen de que solo juegan con grandes muslaris de compañeros, sino que acepta jugar, y así lo he podido constatar, con cualquier jugador (preferentemente jugadora, dicho sea de paso), independientemente de su nivel de juego, porque en los casos de contrastado nivel bajo, le basta con dirigir al compañero/a mediante la conversación para ganar la partida con casi toda seguridad.
Cambia su técnica de juego sobre la marcha. Lo mismo va para arriba que para abajo, lo mismo charla a raudales en la partida que permanece callado, pero, haga lo que haga NUNCA HAY QUE FIARSE.
Sabe dar su lugar a los contrarios, sabe respetarlos, elogiarlos en su momento y subirles la moral como nadie, con mucho respeto y cortesía, pero no hay que engañarse, te va a soltar el latigazo cuando menos lo esperes y cuando más confiado estés.
En definitiva: todo un genio del Mus que algún día, cuando se escriba el Tratado del Mus, tendrá su rincón en la sección de Grandes Jugadores de todos los tiempos, y su forma de jugar será analizada en todas las Universidades donde se implante la Cátedra de Envidología Aplicada y su legado será objeto de Tesis Doctorales, estudios, seminarios y conferencias.
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